Sobre ciudades invisibles

Siento cada vez mas admiración y curiosidad por los autores no-arquitectos que escriben sobre arquitectura o simplemente rozan el tema, diluyéndolo en cualquier otra cosa que les pique la curiosidad en ese momento. Puede ser que estén menos tocados por las pautas del gremio o que ignoren que es lo que se espera de ellos. Escriben con ojos más sensibles a la arquitectura, los ojos de los que la viven, no de los que la piensan. En cuanto a las herramientas que les pueden faltar, en ausencia de las letras del alfabeto, se inventan sus propias notas musicales…

Os tengo algunos autores y textos que presentar, pero los voy a ir soltando poco a poco. Por el momento – las ciudades invisibles de Italo Calvino, invisibles porque sólo tienen forma en el imaginario, porque surgen de ideas, juegan con metáforas y te retan a descubrirlas, capa por capa. Algunas, primero en nombre y forma y después en una idea inseparable a esa misma ciudad, otras, al revés, envolviéndote en conceptos, en pensamientos lejanos que tú mismo tuviste alguna vez y a los que ahora les vas descubriendo la forma, como premio final, en una ciudad fantástica. Igual que su personaje Marco Polo, Calvino escribe viajando, juntando en la misma carpeta más que lugares, ideas. Me costó elegir una sola ciudad, así que aquí tenéis dos de mis favoritas.

LAS CIUDADES SUTILES 1

Se supone que Isaura, ciudad de los mil pozos, surge sobre un profundo lago subterráneo. Dondequiera que los habitantes, excavando en la tierra largos agujeros verticales, han conseguido sacar agua, hasta allí y no más lejos se ha extendido la ciudad: su perímetro verdeante repite el de las orillas oscuras del lago sepulto, un paisaje invisible condiciona el visible, todo lo que se mueve al sol es impelido por la ola que bate encerrada bajo el cielo calcáreo de la roca.

En consecuencia, religiones de dos especies se dan en Isaura.

Los dioses de la ciudad, según algunos, habitan en las profundidades, en el lago negro que alimenta las venas subterráneas. Según otros, los dioses habitan en los cubos que suben colgados de la cuerda cuando aparecen fuera del brocal de los pozos, en las roldanas que giran, en los cabrestantes de las norias, en las palancas de las bombas, en las palas de los molinos de viento que suben el agua de las perforaciones, en los andamiajes de tela metálica que encauzan el enroscarse de las sondas, en los tanques posados en zancos sobre los techos, en los arcos delgados de los acueductos, en todas las columnas de agua, las tuberías verticales, los sifones, los rebosaderos, subiendo hasta las veletas que coronan las aéreas estructuras de Isaura, ciudad que se vuelve toda hacia lo alto.

LAS CIUDADES Y LOS TRUEQUES 4

En Ersilia, para establecer las relaciones que rigen la vida de la ciudad, los habitantes tienden hilos entre los ángulos de las casas, blancos o negros o grises o blanquinegros según indiquen relaciones de parentesco, intercambio, autoridad, representación. Cuando los hilos son tantos que ya no se puede pasar entre medio, los habitantes se van: se desmontan las casas; quedan sólo los hilos y los soportes de
los hilos.

Desde la ladera de un monte, acampados con sus trastos, los prófugos de Ersilia miran la maraña de los hilos tendidos y los palos que se levantan en la llanura. Y aquello es todavía la ciudad de Ersilia, y ellos no son nada. Vuelven a edificar Ersilia en otra parte. Tejen con los hilos una figura similar que quisieran más complicada y al mismo tiempo más regular que la otra. Después la abandonan y se trasladan aún más lejos con sus casas.

Viajando así por el territorio de Ersilia encuentras las ruinas de las ciudades abandonadas, sin los muros que no duran, sin los huesos de los muertos que el viento hace rodar: telarañas de relaciones intrincadas que buscan una forma.

En lugar de una conclusión, os dejo con lo que podría ser una de las definiciones de Clavino para la ciudad. “Dicho esto, es inútil decidir si ha de clasificarse a Zenobia entre las ciudades felices o entre las infelices. No tiene sentido dividir las ciudades en estas dos clases, sino en otras dos: las que a través de los años y las mutaciones siguen dando su forma a los deseos y aquellas en las que los deseos o bien logran borrar la ciudad o son borrados por ella.”

On Invisible Cities

I am more and more impressed and intrigued by non-architect authors who write on architecture or tangent to the subject, immersing it in anything that catches their eye at that moment. I could be because they are less tainted by the creeds of the guild or ignorant to what it is that they are expected to write. They write with eyes far more sensitive to architecture, from a perspective of those who live architecture, not of those who think architecture. As far as them missing the tools that they may need is concerned, in the absence of the alphabet, they invent their own musical notes…

I have some of these writers I would like to introduce to you, but I will be doing that one by one. For now – Italo Calvino’s invisible cities, invisible because they only take form in the imaginary, because they rise from ideas, play with metaphors and challenge you to discover them layer by layer. Some, first by name and shape and them by the inseparable idea to the city itself, or, some others, the other way around, wrapping you in concepts, in forlorn thoughts that you may have had at one time y now discover in the shape of one fantastic city. Just like his character Marco Polo, Calvino makes up these cities while travelling, gathering in the same file not places but ideas. I couldn’t decide on one city to let you have, so I chose two of my favourite for you.

THIN CITIES 1

Isaura, city of the thousand wells, is said to rise over a deep, subterranean lake. On all sides, wherever the inhabitants dig long vertical holes in the ground, they succeed in drawing up water, as far as the city extends, and no farther. Its green border repeats the dark outline of the buried lake; an invisible landscape conditions the visible one; everything that moves in the sunlight is driven by the lapping wave enclosed beneath the rock’s calcareous sky.

Consequently two forms of religion exist in Isaura.

The city’s gods, according to some people, live in the depths, in the black lake that feeds the underground streams. According to others, the gods live in the buckets that rise, suspended from a cable, as they appear over the edge of the wells, in the revolving pulleys, in the windlasses of the waterwheels, in the pump handles, in the blades of the windmills that draw the water up from the drillings, in the trestles that support the twisting probes, in the reservoirs perched on stilts over the roofs, in the slender arches of the aqueducts, in all the columns of water, the vertical pipes, the plungers, the drains, all the way up to the weathercocks that surmount the airy scaffolding of Isaura, a city that moves entirely upwards.

TRADING CITIES 4

In Ersilia, to establish the relationships that sustain the city’s life, the inhabitants stretch strings from the corners of the houses, white or black or gray or black-and-white according to whether they mark a relationship of blood, of trade, authority, agency. When the strings become so numerous that you can no longer pass among them, the inhabitants leave: the houses are dismantled; only the strings and their supports remain.

From a mountainside, camping with their household goods, Ersilia’s refugees look at the labyrinth of taut strings and poles that rise in the plain. That is the city of Ersilia still, and they are nothing.
They rebuild Ersilia elsewhere. They weave a similar pattern of strings which they would like to be more complex and at the same time more regular than the other. Then they abandon it and take themselves and their houses still farther away.

Thus, when traveling in the territory of Ersilia, you come upon the ruins of abandoned cities, without the walls which do not last, without the bones of the dead which the wind rolls away: spider webs of intricate relationships seeking a form.

Instead of a conclusion, I leave you with what could be one of Calvino’s definitions of the city. “This said, it is pointless trying to decide whether Zenobia is to be classified among happy cities or among the unhappy. It makes no sense to divide cities into these two species, but rather into another two: those that through the years and the changes continue to give their form to desires, and those in which desires either erase the city or are erased by it.”

Despre orase invizibile

Simt din ce in ce mai multa admiratie si curiozitate pentru autorii non-arhitecti care scriu despre arhitectura sau ating tema, impaturindo in orice le-ar sta pe limba la momentul respectiv. Poate fi din cauza ca sunt mai putin … de ideile generale ale breslei sau ignoranti in fata expectativelor care s-ar putea avea pentru ceea ce scriu. Scriu din perspectiva unor ochi mai sensibili, din perspectiva celui care traieste arhitectura, nu din cea a celui care gandeste arhitectura. In ceea ce priveste ustensilele care le-ar putea lipsi, in absenta unui alfabet, isi construiesc propria scala muzicala.

Am cativa din autorii acestia sa va prezint, dar unul cate unul. Pentru moment – orasele invizibile ale lui Italo Calvino, invizibile pentru ca au forma doar in imaginar, pentru ca pornesc de la idei, se joaca cu metafore si te provoaca sa le descoperi, strat dupa strat. Unele, mai intai in nume si forma pentru ca mai apoi sa iti arate idea inseparabila de oras insusi sau altele, pe dos, impaturindu-te in concepte, in ganduri indepartate pe care sigur le-ai avut la un moment dat si pe car ele redescoperi acum in forma unui oras fantastic.Ca si personajul din carte, Marco Polo, Calvino compune aceste orase calatorind, adunand in acelasi dosar, nu locuri, ci idei.

Am ales in spaniola si engleza doua orase sa va prezint pentru ca nu am putut sa aleg doar unul, dar in romana nu am gasit nicio publicatie online iar cartea pot doar sa vi-o recomand cu drag.

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